OTROS SITIOS

LA PESTE FURTIVA

La Peste Furtiva es un kolektivo nacido con la intención de recopilar y traducir material anti-autoritario. Principalmente nos concentraremos en textos críticos de la tecnología, la ideología, el control social, la democracia, el pacifismo, la política identitaria, el organizacionalismo, entre otros temas; no haremos distinciones ideológicas. Además estaremos constantemente traduciendo material que NO se encuentra en español de teóricos contemporáneos para aportar al debate de las corrientes ácratas, autores como Jason McQuinn, CrimethInc., Wolfi Landstreicher, Lawrence Jarach, Bob Black, entre otros.

Este espacio surge debido a la necesidad de crear un nuevo sitio de difusión de material anti-autoritario actualizado; nada puesto en esta página intenta ser una “biblia”, un “programa de acción”, un “sistema de pensamiento” o una forma de delimitar el pensamiento anti-autoritario.
Cada material publicado debe ser analizado críticamente y se sugiere ahondar en el tema a través de búsquedas de internet. No genere su opinión en base al primer sentimiento que eso le cause, piense, lea, reflexione, cuestiónese, analice y luego cree su opinión, no repita lo que le dicen.


MUNDO BERRE

“El arte por todos y para todos alimenta el mecanismo de la diversidad no para liberar la voluntad del individuo sino para encausar su movimiento dentro de las instituciones legisladas, utilizando las creatividades para conformar las éticas estéticas del ciudadano. El sistema puede así ir adaptando sus códigos al contemplar los nuevos inventos del ser humano, siempre y cuando no pongan en riesgo su funcionamiento. Grandes desarrollos tecnológicos le permiten al niño, al adolescente y al adulto responsable modelar su imaginación dentro de una cajita.”
Mundo Berre es una revista para proponer juegos desenchufados dedicada a niños y niñas de todas las edades, teniendo en cuenta que la observación, la curiosidad y la participación no son características exclusivas de la niñez. Letras y dibujos hechos íntegramente a mano buscan incentivar la elaboración de nuevos juegos.


ALBERT CAMUS

“No hay amor por la vida, sin desesperanza de la vida”, he escrito, no sin énfasis, en estas páginas. En aquella época yo no sabía hasta qué punto decía la verdad; todavía no había atravesado los tiempos de la verdadera desesperanza. Esos tiempos han llegado y han podido destruir todo en mí, excepto precisamente el apetito desordenado de vivir. Sufro todavía con esta pasión a la vez fecunda y destructora que estalla incluso en las páginas más sombrías de Anverso y Reverso. No vivimos verdaderamente, auténticamente, más que algunas horas de nuestra vida, se ha dicho. Eso es cierto en un sentido y falso en otro. Pues el ardor hambriento que se sentirá en los ensayos que siguen jamás me ha abandonado y, para terminar, es él la vida en lo que tiene de peor y de mejor.


LEO MASLIAH

"Fábrica inaugurada que corre. Máquina obsoleta. Máquina inaugurada que abandona su pasado inmediato. ¡Vamos muchachos! Máquina actualizadora de naturaleza no funcional. Funcionario inaugurado, naturaleza muerta. Funcionario actualizado que corre abandonado. Funcionario de naturaleza obligatoria. Naturaleza humana que actúa sobre la máquina. Naturaleza humana que actúa bajo la máquina. Naturaleza semi humana que opera funcional abandonada en un escritorio nuevo. Naturaleza, lesa natura. Personal conceptual, elementos capacitados, encerrados en paralelepípedas posibilidades de éxito, incluyendo la tenencia de un diploma. 

Prestación de servicios de medio oficial hombre. Augurios de productividad que acechan su futuro inmediato. Máquina actualizadora de canarios no funcionales. Esto va así: canario inaugurado que corre por dentro, desechando el recuerdo de una vaca obsoleta. Se necesita urgente medio oficial tarado. ¡Vamos semi muchachos! Mitad obligatoria y mitad opcional. Canarios funcionales dirigidos por cuervos vocacionales, papagayos ultra vocacionales, mensajeros de por medio, rellenos de entusiastas augurios de obligatoriedad. 

Oficina selectora de canarios opcionales. ¡Canario felizmente incorporado funcional! Incluyendo la imagen de un tarado. Oficina selectora de ciudadanos marginales, incluyendo la imagen de un vago. Postergando treinta días la imagen de un pago, postergando quince días la imagen de un semi pago y no sé cuántos días la imagen de un pollo. Marginal de recuperación inaugurada con los mejores augurios de operatividad." (Extracto de Fábrica del disco Recital especial.)


ORLANDO ESQUIZO
www.esquizoynada.blogspot.com


"El ocioso es un fugitivo y revoltoso histórico, en su rechazo al trabajo se encuentra su revuelta, es la piedra en el zapato de los estados disciplinarios y del orden burgués, no por su fracaso para la sociedad capitalista, sino porque es portador del ocio, el que al igual que la soledad son elementos prohibidos. Resulta inaceptable para el orden social que existan ociosos en un mundo donde la obligación al trabajo no es sólo un asunto económico, sino también cuestión ética y moral. Esa tortura que es el trabajo se presenta no como una obligación –aunque obviamente lo es–, sino mucho más como valor simbólico. Dirán que “el trabajo dignifica”, o inclusive será correctivo o terapéutico para el delincuente, para el miserable y por supuesto, para el ocioso; esto no será mera casualidad. Si revisamos la historia pasada entenderemos el acercamiento del ocio (incluyendo cualquier tipo de rechazo al trabajo) a la patología y enfermedad. El ocio como una forma de fuga no fue entendido como una conducta política (a veces fue pecado para la religión), pero fue sometido mucho más desde el discurso médico-psiquiátrico. El ocio, por ser un peligro para el capitalismo, se objetivará como una enfermedad, a la vez, con su respectiva cura: el trabajo.
Desde el siglo 16 el ocioso comenzará a ser sometido y entendido en la cultura europea como un “enemigo público”; surgirán entonces dos peligros para el orden burgués: la locura y la ociosidad, conceptos que ahora significarán lo mismo. Michel Foucault dirá que el internamiento médico de los locos partirá encerrando a los mendigos y ociosos, ejemplificándolo en el “Hospital General de París”, que perseguía estos fines: “Desde el principio, la institución se proponía tratar de impedir la mendicidad y la ociosidad, como fuente de todos los desórdenes”.[1] La locura y el rechazo al trabajo se acercaron porque en la época clásica el loco aparece en el campo de la inutilidad social. Foucault citará una ordenanza jurídica inglesa del siglo 16 en contra de los ociosos[2]: “a todos aquellos que viven en la ociosidad y que no desean trabajar a cambio de salarios razonables, o los que gastan en las tabernas todo lo que tienen”. Es preciso castigarlos conforme a las leyes y llevarlos a las correccionales; en cuanto aquellos que tienen mujeres y niños, es necesario verificar si se han casado, si sus hijos han sido bautizados, “pues esta gente vive como salvajes, sin ser casados, ni sepultados, ni bautizados; y es por esta libertad licenciosa por lo que tanto disfrutan siendo vagabundos”.
La ociosidad con más fuerza en el siglo 17 se llevará al campo de la enfermedad; desde la protopsiquiatría no se tardará en proponer las casas de trabajo forzoso como terapia. La psiquiatría es una institución policíaca de la subjetividad dominante, nace al servicio de la Norma y del poder político hegemónico. Como tal, la institución psiquiátrica debió patologizar y perseguir al ocioso, quien era un fugitivo siempre en cercanía con la locura. Desde el poder psiquiátrico el ocio se encontrará como característica propia de la “enfermedad mental”. Los psiquiatras, entonces, debieron crear una serie de tratamientos que obligarán al ocioso a trabajar, y como éste era también un loco que, atrapado en su delirio no le daba valor al salario del trabajo, es preciso imponerle la realidad del sistema. En otras palabras, se trataba de que el ocioso reconociera el valor del dinero y la necesidad de trabajar para obtenerlo.[3]" (Extracto de Ociosidad y locura.)

[1] [2] La Historia de la Locura en la Epoca Clásica, Vol 1, Michel Foucault.
[3] Michel Foucault describe en algunas de sus clases (transcritas en el libro “El poder psiquiátrico”) que realizó en los 70, cómo la psiquiatría transformó el “trabajo” en terapia, y obligó al loco a someterse a la obligación de trabajar.